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San Valentín: Blue Valentine, el disco de Tom Waits para los que no festejan el Día de los enamorados

Cartas de amor, frases, historias, poemas: el Día de los enamorados tiene su propio manual de seducción.

Y, sin embargo, pocos discos (o libros, o novelas, o películas) recorren tantos mecanismos del romance como Blue Valentine -disco y canción-, de Tom Waits.

Con un detalle: el sexto álbum de Waits, de 1978, lanza la flecha de Cupido al revés. Blue Valentine suena como un “hotel de corazones destrozados”: cada habitación, una historia en letra y música sobre soledad, pérdida y angustia.

O tal vez, si un disco es como una familia (¿no sentimos así a nuestros álbumes más queridos, como parientes cercanos, afectos por obligación y elección?), Blue Valentine es la Familia Addams: canciones oscuras, peligrosas y noir, viviendo en un castillo terrorífico en el que, sin embargo, uno se siente a gusto.

Un poco de historia, de enamorados y de Shakespeare

Antes de la canción que titula el álbum y que lo finaliza -sin final feliz, con algo más áspero-, el disco comienza casi operístico. Como si una opereta pudiera tener swing, sueños oscuros y amores arrebatados. Blue Valentine es un disco que se permite de todo y lo logra.

Anuncia su perfección desde el comienzo como un preludio: “Somewhere”, el leitmotiv de West Side Story, esa ópera popular americana que le dio al mundo su Shakespeare accesible, su Romeo y Julieta de cinco centavos para cualquiera.

Como se sabe, West Side Story cuenta la historia de amor imposible, Montescos y Capuletos contemporáneos en los bajos fondos de Nueva York. Originalmente el proyecto y libreto de Stephen Sondheim llegó a imaginarse un conflicto entre católicos y judíos, antes de correrse hacia pandillas y calle.

La versión de Tom Waits es una reinvención. Como un “A mi manera” cantado por Sid Vicious, como cualquier tango interpretado -reimaginado- por el Polaco Goyeneche. Waits se mete en uno de los grandes clásicos del cancionero americano y lo vuelve aria con swing, una ópera completa en cuatro minutos.

La orquestación —dramática, impresionista en sus blancos y negros anímicos— tiene un tamaño informe: enorme e íntima (sin oxímoron a la vista).

El productor fue Bones Howe, histórico ingeniero de estudio con pasado junto a Sinatra y figura central en los discos de Waits para Asylum. En Blue Valentine combina orquesta amplia con una cercanía áspera, voz al oído.

Romeos sangrantes y la carta de amor de una prostituta

Hay muchísimo más en este gran disco para discutir San Valentín en clave blue —tristeza, blues y jazz—, pero hay canciones que son escenas completas.

“Christmas Card from a Hooker in Minneapolis” (Carta de Navidad de una prostituta de Minneapolis) es una canción, o tal vez un cuento o una película. Waits se pone el narrador de una carta como si fuese ella.

Al principio le habla a Charlie -¿amante, amigo, alguien lejano?: “Ey, Charlie… estoy embarazada”. Imaginen el resto…

Pero después, la narradora – Waits cuenta algo que no es ni verdadero ni falso: es simplemente peor. Una verdad, repetida, una anáfora del «no»:

“Escuchame, Charlie, por el amor de Dios, si querés la verdad:

No tengo marido,

y no, tampoco toca el trombón.

Ni me lleva a bailar cada sábado por la noche.

Necesito que me prestes plata para pagarle al abogado y, Charlie…

Me van a dar libertad condicional para el día de San Valentín.”

Un cuento oscuro en menos de cinco minutos, con remate de efeméride.

Luego también habrá Shakespeare en castellano en “Romeo Is Bleeding”: pandillas, sangre, y el amor de West Side Story mudado a película eterna, en blanco y negro.

Hay “pachucos” y se escucha al mismo Waits decir: “Dame esa pistola, hombre! / Vamos a dormir, hombre!”

“Y así, entre otras gemas del disco —‘$29.00’, ‘Kentucky Avenue’, ‘A Sweet Little Bullet from a Pretty Blue Gun’— llegamos al final: «Blue Valentines”.

Waits oye como novelista para el diálogo y observa como cineasta. ¿Y cómo siente? Como poeta, sin duda.

» Y ahora me enviás estos valentines tristes, como sueños a medio olvidar,

como una piedra en el zapato mientras pateo estas calles y el fantasma de tu recuerdo es el cardo en el beso.

Melodrama en primera persona, tragedia en POV. Waits habla de “pecado capital”, habla de whisky, habla de pesadillas. Y la escena central queda escrita con precisión psiquiátrica

“Ella me manda blue valentines desde Filadelfia

para marcar el aniversario de alguien que yo solía ser.

Y siento como si hubiera una orden de captura contra mí;

nena, me tenés chequeando todo el tiempo el espejo retrovisor.

Por eso vivo escapando, por eso me cambié el nombre…”

Esa voz habla como un prófugo, como un fantasma, como un muerto -espejo retrovisor, cambio de nombre-: “el aniversario de alguien que yo solía ser”. San Valentín funciona como fecha de duelo.

Como en Chungking Express con esas latas de ananá con vencimiento, el amor también puede venir con fecha impresa de defunción.

La guitarra acompaña, filosa: mínima, punzante, es el eco del latido de la letra.

Blue Valentine: el lado B del Día de los enamorados

Como dijo Nick Cave en su conferencia “The Secret Life of the Love Song”: «Dylan siempre la capturó y Waits puede conjurarla».

Tom Waits hizo un gran disco de amor tomando el camino contrario al que suele pedir la fecha y la flecha. Blue Valentine se escucha en San Valentín y también en los otros 364 días del año.

Dicen que el tango espera. Waits, como dice su nombre, también.

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