Establecimientos gastronómicos en Buenos Aires combinan recetas clásicas y sabores hogareños con técnicas actuales y ambientes relajados, ofreciendo una experiencia accesible.
En los últimos tiempos, una serie de nuevos restaurantes en la Ciudad de Buenos Aires ha surgido con una propuesta común: revitalizar la cocina tradicional argentina e internacional con un enfoque contemporáneo. Menús que recuperan recetas clásicas como el vitel toné, las milanesas, el matambre o las hamburguesas, pero elaboradas con procesos artesanales y presentaciones renovadas, son el eje de esta tendencia.
Caprichito, en Palermo, es un ejemplo. Creado por las hermanas Victoria y Carola Santoro, busca compartir los sabores de su infancia. «Queríamos que nuestros platos favoritos de siempre se pudieran compartir en una misma mesa», explica Victoria. Allí, todo se produce en el local, desde las masas hasta las salsas, dando lugar a clásicos como rigatoni a la genovesa o suprema a la parmesana.
En Chacarita, Silvino se inspira conceptualmente en el bistró francés. Su chef y socio, Gaspar Natiello, propone platos con reminiscencias de esa cocina, utilizando pocos ingredientes de manera no convencional. «La idea fue que la gente viniera a comer rico en un ambiente lindo y relajado», señala. Destacan una berenjena al escabeche con queso de cabra y cavatelli en sopa de cebollas.
Por su parte, Garabato, en el barrio de Núñez, es definido por sus creadores, Calu Corso y Lucas Canga, como un neobistró. Con una base francesa e influencias de sus viajes, ofrecen una carta extensa y ecléctica donde nada es tradicional. «A todo le damos nuestra impronta», afirma Lucas. Ejemplos son la empanada de pollo a la portuguesa con emulsión de morrón o el matambrito a la parrilla con mejillones.
Finalmente, Suma, un gastropub con alma de cantina, funciona como un espacio de encuentro social. Pone el foco en sabores hogareños y coctelería clásica, acompañado por una agenda de DJ y artistas en vivo. «Usamos la mejor materia prima tanto para la comida artesanal como para la coctelería», indica Tomás Romero, sommelier a cargo.
Un denominador común de estos espacios es la búsqueda de un ambiente relajado, un servicio cuidado y precios que buscan ser accesibles para fidelizar a la clientela, atrayendo a un público diverso que valora tanto la calidad como la experiencia.
